sábado, 25 de abril de 2015

Style: alpha 0%.

Mis pasos me llevaban a través de la ciudad. Una vez más, no tenía adónde ir. Mis ojos también paseaban, por los ojos de la otra gente, y mi cerebro deambulaba por caminos de recuerdos, malas ideas, buenas ideas e ideas nuevas.

Y a unos metros, vi su cara. Bueno, en realidad primero vi su pelo : un pelo inconfundible, muy de moda entre las señoras, que hacía que se me saliera el corazón cada vez que aparecía una y yo creía que era él.

Pero esta vez sí era él, y me puse nerviosísima al instante.

Aun no entiendo cómo, pero me acerqué. No estaba sólo: sus amigos eran un simpático blur a su alrededor.

Nuestras últimas conversaciones, si se les puede llamar así, no habían salido bien. Y ésta seguiría esa línea diligentemente.

De modo que decidí no hablar. Al fin y al cabo, no tenía interés en hablar con aquel imbécil.

Tampoco quería darle un abrazo pero fue lo que hice, y aprovecho para agradecer a mi cerebro que echara el resto del carbón en la chimenea del blur.

Ahora no sólo no veía a nadie, sino que tampoco los oía: sólo oía mi corazón retumbando histéricamente.

Joder… estoy abrazando a esta mierda de tío.

Después de meses esquivando su presencia (real y virtual) ahora voy y…

En fin. No sé cuánto rato llevamos así. El miedo ha sido sustituido por una dulce sensación de confort. Su olor se ha metido en mi cráneo y me ha derretido el cerebro.

Seguro que sus amigos siguen ahí, en el mundo real, y tendré que enfrentarme a ellos. O me doy la vuelta y desaparezco. Style: alpha 0%.