viernes, 17 de agosto de 2018

Los Parguelas

Yo me follo a los parguelas. Los putos frikis que caminan como tarados, pálidos y envueltos en gafas, braquets, cómics, y con reloj Casio de calculadora. Con problemas para socializar. Las larvitas de violador. Me gusta imaginarme que les violo un poco, aunque sé que lo único que consigo es ayudarles a subir a la rueda giratoria del Patriarcado, con todos los demás. Te subes encima de un niñato pánfilo y paliducho, le chupas el pito y le botas encima. Algunos se marean. Es toda la violencia que me está permitida; retorcerles el cerebro y convertirles en onvres, traicionando así mi propia causa. Es todo el poder que me está permitido; enseñar a los frikis a correrse en el vientre de las mujeres. Pincharles y pellizcarles para que se enfaden. Para que saquen su furia y dejen de ser unos mierdas pasivo-agresivos. Una vez pegué a una friki. Me decía que yo le gustaba y yo le proponía jugar a darnos de ostias. Al final sólo le daba yo las ostias, como para demostrarle que ella se dejaba. Eso ya me lo contaron, porque yo iba demasiado borracha, pero se ve que me dediqué a darle bofetadas el mismo día que me dijo que yo le gustaba. Me lo dijo cuando nos caímos rodando por nosequé bosque inclinado por el que corríamos llevándome ella a caballito. Nos comimos el suelo y al ver su rodilla ensangrentada y llena de tierra, tuve que cogerla y chuparla. Agarré su pierna preciosa y asustada... creo que ella estaba llorando. Con cuidado puse mi boca sobre la herida y recogí los escombritos con la lengua. Escupir y repetir. Y horas después habíamos vuelto a la ciudad y yo le daba de ostias, que no le sirvieron para nada. Tampoco le pregunté. Ojalá les hubiera dado de ostias a las larvas de violador. Los putos frikis pringosos, latiendo, esperando que venga una imbécil a sacarles de su miseria. Ojalá os hubiese partido las gafas a todos, pero me dedico a lameros las heridas imaginarias. Una larva no puede estar herida porque nunca ha salido de su placenta.

viernes, 18 de mayo de 2018

Los hombres blancos tienen gluten

Un hombre blanco
hecho de pan Bimbo.
Sin cortezas.
Nos fiamos.
Es blandito.
Nos fiamos.
Es blanco.

Micropoema sin gluten

Como los tomates que venden en el Lidl.
Cavidad suave e impermeable.
Roja textura de oreja.
¿Encontraría alguna aurícula seca si cortara tu corazón en gajos?

miércoles, 9 de mayo de 2018

La distancia entre Sí y No



Hay mil caminos entre Sí y No que recorro mil veces al día.

Hoy, por ejemplo, estaba muy tranquila en No. Me estaba tomando un café amargo en una de sus cafeterías antiguas, con clientes fumadores. Abundan en No. Estaba recostada contra el respaldo de mi sofá de cuero desgastado, con la pierna derecha cruzada por el tobillo. Chulería y caspa.

Me mandabas wasaps y coincidíamos, para variar. Opiniones y visiones alineadas. Y ya he empezado a caminar hacia la puerta. Fuera hacía mejor tiempo que otros días.

He salido por la puerta de un salto y he echado a correr: el humo y el polvo de No quedaban atrás para dar paso a un camino cada vez más rodeado de arboles, flores, frescor, calor, agua, vida, primavera...

He llegado corriendo a Sí. Corriendo con el corazón en la garganta, no por la carrera sino por la meta. Hay callejuelas en Sí, con macetas desbordadas de flores desconocidas. Hay en Sí una luz y un sonido que vibran. 

¿Y por qué no me quiero quedar? No lo sé, pero hay personas que se asoman y cierran las contraventanas. Sí me tiene dando vueltas por caminos tortuosos, vacíos y fritos por el Sol.

Me he tropezado con escalones que antes no estaban ahí. Me he ido dirigiendo despacio, inconscientemente, hacia la periferia. Necesito abandonar Sí.

Vago. Camino por montañas y riachuelos y me siento perdida.

Me he caído a un río y en el fondo, un tesoro subacuático. Al sacarlo a la superficie era solo arena, que se ha disuelto brillando en un millón de ondas que rodeaban mi cintura. No lo entiendo. Me da miedo este pez gigantesco que me mordisquea los pantalones y luego no hacía nada. No como las sanguijuelas que me chupaban la sangre, por debajo.

Bajo la cuesta. Las plantas y las piedras van desapareciendo para dar paso a una acera seca.

Los semáforos están ordenados.

En los pasos de cebra espero, y cruzo cuando está verde.

La luz es gris y el agua va dentro de botellas de plástico etiquetadas que mienten para tranquilizarnos.

¿He venido yo a No, o ha venido él a mi? Ya estoy recorriendo sus calles negras y sus cielos opacos. Ya te estoy echando de menos.