domingo, 13 de julio de 2014

viernes, 11 de julio de 2014

Carne revuelta II

Más rodillas.

 

martes, 17 de junio de 2014

Acero Inexplicable


Sí. Después de tres años es hora de sacar a la luz esta obra maestra que grabé con el portátil y la guitarra rota de mi tío.

Es porque soy como Michelangelo


martes, 10 de junio de 2014

Conductor secreto



Un tren camino al noroeste traquetea ruidoso e inmenso en medio de una tormenta.

Se hace de noche, y los pasajeros sentados dentro, metidos en sus abrigos de colores apagados, miran por la ventana y conversan.

No viajan cómodos, sino arreglados, y hay mujeres con peinados complicados pero sobrios y las piernas cruzadas y los pies embutidos en botitas o zapatos negros de tacón alto.

Los pasajeros que tienen calor, debido a que en el tren hay calefacción, se abanican con folletos o lo que encuentren, en vez de deshacerse de sus abrigos.

Ahora el tren recorre un valle rodeado de montañas oscuras cubiertas de bosque y rellenas de piedras y agujeros. Fuera se oyen la tormenta y el viento que mueve los árboles, y huele a mojarse hasta los huesos, mancharse de tierra y helarse la cara.

Dentro huele a pantalones y faldas calientes pegados a los asientos, a cristales de ventanas empañados y a cabezas que quieren salir de debajo de sus sombreros.

Bajo el tren huele a hierro frotándose muy deprisa contra otro hierro.

Sobre el tren hay un hombre, agarrado a las partes metálicas del techo, que recorre la tormenta con los ojos bien abiertos y el pecho contra el techo metálico. Sus manos sin guantes se aferran con fuerza.

Conduce el tren a través del paisaje enloquecido. Ya es noche cerrada y sólo ve lo que la luz que arrojan las ventanas del tren y algún rayo esporádico iluminan.

La velocidad y la oscuridad se le meten hasta dentro como una canción. Sabe que sus músculos no le van a fallar.

Este hombre huele a que ojalá el viaje no se acabe nunca.