lunes, 17 de agosto de 2015

El sillón verde




En una amplia habitación, ¿cuántas personas hay?

De un lado, mis nuevos amigos. Sus ropas son anaranjadas. Son cerca de veinte: la gente que he conocido este año.

Del otro lado, unos doce amigos que he conseguido arrastrar durante unos años. Con ropas violeta.

Y dos horas después se han mezclado
en el ambiente caldeado
y lleno de espejos, y disfrutan de las conversaciones y los cócteles.

Con la luz de puticlub que he instalado todo se ve con tonos rojizos. Sostenemos nuestras bebidas y fluimos calculando, si eso es posible.

Entran en la estancia invitados de mis invitados. Van de verde, pero no por mucho tiempo. Sonríen.

Una chica de verde fosforito neón
se sienta en el sillón.
Qué desazón.

Lleva un abrigo gigante, herencia de algún familiar muerto.

El resto beben y bailan y se integran en un mismo tono rojo. Se están homogeneizando muy bien.

La chica del sillón no se quita el abrigo. Tiene la piel fría y suave y mira por todos los rincones de sus ojos. Se esconde bajo sus párpados. Le intento calentar las manos, que pasan de sólido a líquido a gaseoso.

Se ha evaporado y ha dejado el sillón teñido de verde para siempre.

A la mañana siguiente todo esté cubierto de vasos y copas; cristales bañados por la suave luz de las nueve.

El sillón también se ha evaporado, y con él parte del suelo y la pared. Pero sigue siendo verde, en algún sitio.

sábado, 4 de julio de 2015

miércoles, 1 de julio de 2015

12 metros cuadrados y pelo negro brillante




12 metros cuadrados para mirar y remirar alrededor.

-Esto va aquí, y esto allá, ¿ve? Es todo lo que me importa.

Una caja sobre otra caja sobre una balda sobre una cosa sobre coloritos y formas hipnóticas.

-También necesito el pasillo para las mierdas grandes que no me caben aquí y las otras las colgaré en... aquí no caben... ni aquí... las colgaré en el techo y en las vigas y en este rincón me cabe este detalle y aquí pongo mi firma y este espacio lo ocúpoyo.

-Bueno...

-¡No! Jajajajajaja. Si no le estoy preguntando.

Entra una moto enrome a toda velocidad. Un melenudo se baja, con los hombros inmensos al descubierto.

-¡Qué hombros más interesantes! ¡Me valen!

El melenudo se le queda mirando y se encoge de hombros. No se encogen; se hacen más evidentes aún.

-Y mire, ¡debajo de esto tengo esto otro tan interesante! Me encanta hacer estas cositas... ¡Soy un loco!

Un pie del melenudo sobre uno de los montoncitos y toda la madera y el papel quedan reducidos a pellizquitos de suciedad.

¡Ha hecho mucho ruido y todo el mundo le mira!

Ya nadie silva.

El melenudo se echa el pelo negro brillante hacia atrás y va hacia la chica, que reposa de fondo interactivo destructivo-relajante.

-¡No me traten así! -dice el pintor-inventor, resoplando hacia la pareja que se acerca lentamente, él a ella y ella a él.

Y él a ella.

Y le da un beso bonito sin manos.

Y se acabó la historia.

jueves, 21 de mayo de 2015