jueves, 5 de junio de 2014

Cuento de Cocinero



Cortaba las verduritas, una detrás de otra, de la siguiente manera:

¡La cebolla! Tacatacatacatacatacataca.
¡El puerro! Tacatacatacatacatacataca.

Toda la encimera, no tan limpia, llena de utensilios pesados, brillantes, ruidosos...

Ese era su contacto del día con la naturaleza.

Estaba pensando, precisamente, en que él era fan de todos los grupos musicales que le gustaban a ella.
Sus libros y sus pelis preferidas coincidían, y un sentimiento de patetismo verdadero y puro fue instantáneamente sustituido por un embelesamiento estúpido.

"Es perfecta para mí"




En su interior, el patetismo mantenía una acalorada discusión con el falso embelesamiento:

P- Oye amigo, me has echado de un empujón lo cual es muy grosero, y quiero que sepas que no le estás haciendo ningún bien al chico...

E- ¿Ah, no? ¿Crees que el pobre no merece enamorarse de esa muchacha?

P- Yo sólo digo que ambos sabemos que eres un impostor, y le vas a hacer quedar como un imbécil...

E- ¡Eh! No llames a mi amigo imbécil. Lo único que quieres es chafarle la historia de amor.

P- Yo no quiero nada: he venido porque él me ha sentido desde lo más hondo. YO soy la verdad aquí.


"Genial: me he enamorado de ella...
No estoy seguro de si me alegro o no, pero todo parece indicar que deberíamos estar j..."

¡¡BUM!!

Un piano negro de cola cae encima del chico.

Sentado sobre él, Dios repasa una lista de pecados y buenas acciones para ver dónde lo manda.